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Para Fournier, Dobscha y Mick (20) las razones son:
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Para Rigby, Reichheld y Schefter (21) las razones son:
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Para James R. Rosenfield (22), las razones son:
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- El número de relaciones que un consumidor está dispuesto a mantener con diferentes proveedores es limitado.
- Las empresas pecan frecuentemente de posiciones y planteamientos unilaterales, pensando sólo en lo que a ellas le conviene.
- Muchas veces, en vez de fomentar relaciones amistosas y de cooperación, las mismas se convierten en relaciones basadas en la desconfianza y el antagonismo.
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- Implantar un programa de marketing relacional sin antes haber diseñado una estrategia de relaciones con los clientes.
- Implantar un programa de marketing relacional sin tomar en consideración, en su justa medida, los cambios que deben introducirse en la organización.
- Pensar que cuanta más tecnología, mejor.
- Confundir el diseño y la puesta en práctica de un programa de marketing relacional con el simple hecho de adquirir un determinado programa informático.
- Hostigar, abrumar, acechar y acorralar a los clientes, en lugar de atraerlos, informarlos, convencerlos y enamorarlos.
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- Dar por supuesto que los clientes desean mantener una relación, lo que les obligaría a hacer parte el trabajo y complicarse la vida.
- Dar por descontado que los clientes serán justos y equitativos.
- Confundir satisfacción con fidelidad (no todos los clientes satisfechos son fieles).
- Deficiente segmentación de los clientes ( por ejemplo, crear demasiadas categorías de clientes: regulares, buenos, meritorios, excelentes, VIP, superbuenos, etcétera).
- Perder el valor de clientes (customer franchise) acumulado entre los clientes que no acceden a las clasificaciones superiores.
- Cambiar los “reglas del juego” durante el proceso (por ejemplo, generar problemas cuando se degrada un cliente de una categoría superior a otra inferior, con peor trato).
- No ser capaces de distinguir entre “incrementos reales” y “canibalización” (por ejemplo, dar premios por determinados comportamientos cuando los clientes se hubiesen comportado igual sin los premios).
- Confundir a un cliente “rehén”, que necesita el proveedor y no tiene otra alternativa, con un cliente “leal”.
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