Leí EL TUNEL de Ernesto Sábato, según las notas que tomé en el libro, en 1985, con veinte años. Me caló hasta los huesos. Al enterarme del fallecimiento del autor, y queriendo recordar lo que me produjo aquél desazonador texto, y aprovechando un “puente” de un festivo tras fin de semana, en Madrid, he decidido releeerlo.
Y, cambiando de tema, he encontrado un parrafito que me encanta:
“De todos los conglomerados (humanos) detesto particularmente el de los pintores. En parte, naturalmente, porque es el que más conozco y ya se sabe que uno puede detestar con mayor razón lo que se conoce a fondo. Pero tengo otra razón: LOS CRÍTICOS. Es una plaga que nunca pude entender. Si yo fuera un gran cirujano y un señor que jamás ha manejado un bisturí, ni es médico ni ha entablillado la pata de un gato, viniera a explicarme los errores de mi operación, ¿qué se pensaría?. Lo mismo pasa con la pintura. Lo singular es que la gente no advierte que es lo mismo y aunque se ría de las pretensiones del crítico de cirugía, escucha con un increíble respeto a esos charlatanes. Se podría escuchar con cierto respeto los juicios de un crítico que alguna vez haya pintado, aunque más no fuera que telas mediocres. Pero aun en ese caso sería absurdo, pues ¿cómo puede encontrarse razonable que un pintor mediocre dé consejos a uno bueno?”
Traigo esto a colación porque encuentro, muchas veces, este perfil o el comparable en la crítica “al ponente” o “al profesor”. En escuelas de negocios, en consultoras, en todo tipo de organizaciones que preparan eventos, conferencias o simples clases, personas que jamás se han enfrentado a una jauría, o a un pacífico colectivo, personas que no hablan en público, personas que no se tienen que encarar con públicos pequeños o grandes, hablan con ligereza de tu presentación, de cómo lo has hecho. Y sobre todo, y muy especialmente, valoran y critican las capacidades del ponente para “enganchar” con el público o con el grupo en cuestión.
Qué diferencia hay cuándo hablas con alguien del oficio!!.
Cuándo analizo cuestionarios de evaluación, o cuándo, simplemente, comento una ponencia o una clase con un compañero profesor o conferenciante, el análisis y la obtención de elementos positivos (de crítica) es radicalmente diferente.
Hay un perfil burocrático, grisáceo, a veces, de personas enjuiciando el trabajo de personas a las que no podrían emular con facilidad. Similar al médico enjuiciado por quién nunca entablilló la pata de un gato.
Es una opinión muy particular y no pretendo herir a nadie.
